Un estudio demuestra que la mentoría social mejora la salud mental y emocional de las personas migradas y refugiadas

El martes 13 de abril se dieron a conocer los resultados del estudio “Applying Mentoring”, sobre los efectos de la mentoría social para las personas migradas o refugiadas. En este estudio liderado por la Universitat de Girona, participaron varios proyectos de mentoría, entre ellos enTàndem.

Ofrecer apoyo emocional y favorecer una mejor inclusión social de las personas migradas y refugiadas son dos de los beneficios más destacados de la mentoría social. En el caso concreto de los adolescentes mentorados, “la mentoría social es un buen complemento en la lucha contra el fracaso escolar”, ya que ayuda a que diversos indicadores relacionados con la escolarización, como hacer los deberes, no empeoren de manera significativa, lo que permite evitar que la trayectoria escolar de los adolescentes se debilite.

Los resultados del estudio ponen de manifiesto que los adolescentes de origen inmigrante que participan en proyectos de mentoría social mejoran el doble en el aprendizaje de la lengua, necesitan estar menos tiempo en el aula de acogida y participan más activamente en clase, según las percepciones del profesorado.

La investigación muestra que la mentoría tiene muchos beneficios, a condición que sea de calidad. Y de hecho no solo en adolescentes. Applying Mentoring estudió programas de mentoría atendiendo a tres colectivos de población migrante o en situación de refugio: niños y adolescentes, jóvenes no acompañados y adultos solicitantes de asilo.

Una experiencia positiva para ambos participantes

Si la persona mentorada saca provecho del acompañamiento, también es el caso de la persona voluntaria. Contribuir a un bien social, poner en práctica la empatía, conocer otras realidades alejadas de su propio cotidiano, … son unos de los numerosos beneficios que menciona el estudio. También sirve a la persona mentora a la hora de enfrentar discursos xenofóbicos, de odio o racismo con experiencias concretas.

Cabe añadir que los beneficios de la mentoría son los mismos tanto si la persona mentora es autóctona o no. Según el investigador principal del estudio, Òscar Prieto-Flores, “si la mentoría es de calidad, hemos visto que tiene el mismo impacto tanto si la persona es autóctona como si también ha vivido un proceso de migración y refugio como la persona mentorada”.

La mentoría complementa pero no sustituye a los programas públicos

La fórmula de la mentoría social ha ido creciendo en los últimos años, especialmente después de la crisis de los refugiados. Entre 2015 y 2019 (antes de la pandemia) se crearon el 60% de los programas de mentoría social que existen actualmente en España. Para Òscar Prieto-Flores, el auge de estos programas es “la otra cara de la moneda” de las tensiones y la violencia que sufren los inmigrantes. Estas cifras muestran efectivamente la voluntad de una parte de la ciudadanía de participar en proyectos solidarios. Sin embargo, evidencian también las necesidades sociales que existen hoy en día y a las cuales es urgente responder.

El estudio insiste en la idea que los programas de acompañamiento de jóvenes migrantes no acompañados no sustituyen sino que complementan el rol de profesionales como los educadores y trabajadores sociales. La mentoría ofrece un apoyo emocional y un acompañamiento a los y las jóvenes, pero el trabajo de las entidades públicas sigue siendo imprescindible.

El estudio termina haciendo varias recomendaciones, entre ellas fomentar en las políticas educativas la mentoría social como una medida de apoyo informal a la inclusión social de las personas migradas y refugiadas.

 

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