enTàndem València

La oportunidad de tener un ‘Big Brother’ o ‘Big Sister’ (temporal) en València

Font: La Vanguardia

El programa enTàndem de AFEV busca voluntarios de 18 a 30 años para acompañar a menores de 6 a 16 años en situación de vulnerabilidad

Trabajan la autonomía, motivación, autoestima y escolarización de los menores a través de un “proyecto liberador” que también busca “democratizar la ciudad”

Las personas tomamos un camino u otro, esta o aquella decisión, inspirados, en parte, por personas que se han cruzado en nuestra vida o que se han quedado en ella, acompañándonos en las vicisitudes y en las alegrías.

Son nuestros referentes: madre o padre, hermana o hermano, tío o tía, profesor o profesora, entrenador o entrenadora, amigo o amiga… es lo que se conoce como “mentoría natural”, que se tiene de “manera fácil o facilitada en las vidas más normativas”.

Sin embargo, los jóvenes en situación de vulnerabilidad o con dificultades socioeconómicas a menudo carecen de estos modelos que les permita, simplemente, soñar con una vida en la que crecer como personas.

Lo explica Irene Esteban, responsable local de la asociación francesa AFEV, que hace cuatro años abrió sede en València. La organización está ahora en proceso de selección de voluntarios y voluntarias para el programa enTàndem, toda una experiencia de acompañamiento donde todos dan y reciben.

Voluntarios de 18 a 30 años “de todos los perfiles” para acompañar a menores de 6 a 16 años

Los voluntarios se convierten en mentores de niños, adolescentes y jóvenes de 6 a 16 años (en edad obligatoria de escolarización) que pasan por un momento difícil y necesitan un acompañamiento educativo y personal individual durante el curso escolar en los barrios de Orriols, el Cabanyal, Benimaclet y La Saïdia. Los jóvenes son derivados de los servicios sociales de los barrios, los colegios e institutos y entidades sociales como València Acull o Orriols Conviu.

Se buscan jóvenes de 18 a 30 años “de todos los perfiles” que tengan disponibilidad de una tarde fija a la semana (dos horas de acompañamiento, sin contar desplazamientos hasta el centro de juventud donde se realiza), la participación en una formación obligatoria de 11 horas y las reuniones de seguimiento correspondientes durante el curso escolar (de octubre a junio).

Como aliciente, las personas que cursen un Grado universitario pueden solicitar el reconocimiento de los créditos por las horas dedicadas al voluntariado. Colaboran la UOC, la UV y la UPV.

Esteban destaca que es un proyecto de mentoría social “único en València” donde hay un “impacto mutuo, bidireccional”, entre mentor y acompañado, y “en un territorio” concreto, como es el barrio donde viven. “Tienen que pedalear los dos juntos para que pase algo. Si no, sería un acompañamiento profesional, como un couching, de lo que sería complementario. Aquí los dos son protagonistas”, afirma.

Autonomía, motivación, autoestima y escolarización

Como las personas voluntarias tienen entre 18 y 30 años, son cercanos por edad a quienes acompañan y hace poco pasaron por las dudas e incertidumbres de las épocas vitales de quienes acompañan, como que “te guste alguien y no te haga caso” o que “no te entiendan en casa”. Pero al mismo tiempo, “está claro quién es la persona adulta”.

Se pretende que sean una “influencia positiva”, como un “Big Brother o Big Sister” de jóvenes que no han tenido la oportunidad de tener uno de manera natural por su entorno, porque “pasan mucho tiempo solos, son muchos en casa o son muy tímidos”. Se trabajan cuatro pilares desde “un vínculo positivo y de confianza”: autonomía, motivación, autoestima y escolarización.

En octubre se hace la primera sesión de presentación y de formación de las parejas (mentor-acompañado) con todos los participantes. En las entrevistas previas, ya se reparten por afinidades, buscando una “cierta diferencia de edad, pero no demasiado para no caer en roles maternos”. Sin embargo, una vez están todos juntos, en persona, algunas parejas cambian. La primera formación que se hace, transcurrido un mes, es sobre el “arte de poner límites”. “Deben tener claro que no son amigos”, subraya Esteban.

Una vez acabado el curso escolar, finaliza el acompañamiento (a no ser que mentor y adolescente continúen el año siguiente). Para la responsable de AFEV, esto no es un drama, sino que debe ser un aprendizaje vital más dentro del proceso: “Hay que abrir las relaciones bien y cerrarlas bien, porque son chavales con muchos duelos. Pero es importante que aprendan que a veces aparecen personas positivas que se van. Pedimos a los voluntarios un cierre de la relación positivo”.

La experiencia de una mentora, Clara

Clara es una francesa de 26 años que estudió Urbanismo y llegó a València hace un año. Conocía AFEV porque trabajó en la entidad, en su país, como becaria. Le pareció “un voluntariado muy interesante” porque “se acompaña a jóvenes más allá del refuerzo escolar, para intentar trabajar su motivación, abrirles y desarrollar su curiosidad, que conozcan mejor su ciudad y los recursos que están a su disposición”.

​No se lo pensó. Participó de diciembre a junio de 2020-2021. Su tándem era un adolescente de 13 años de origen colombiano con el que chocaba mucho. “Teníamos perspectivas y visiones de la vida totalmente opuestas en casi todo, en cómo tratar a las personas, en temas de diversidad e inclusión…”, admite.

​Pero lo ve como un aprendizaje en el que cree que ella le ha “aportado una visión diferente” a la que tenían en sus círculos próximos y le ha fomentado el espíritu crítico, cuestionar las cosas que repetía solo “porque se lo había dicho un compañero”.

​Clara también recibió mucho de la experiencia: “Ha sido un aprendizaje brutal a la hora de hacer valer mi punto de vista, adaptarme a su edad y lenguaje. He tenido que relativizar mucho, ponerme en sus zapatos, intentar entender su experiencia y cómo llegaba a decir ciertas cosas, como comentarios muy racistas hacia personas, incluso, de Latinoamérica. Me llamaba la atención cómo había podido llegar al rechazo de su propia identidad”.

​“Era como una lucha cada día. Te puedes considerar una persona abierta y preparada para juntarte con cualquier tipo de persona, pero al final no es tan así. Nos juntamos con personas que piensan lo mismo que nosotros, más o menos. Este voluntariado te ayuda a empatizar y a tener mucha paciencia. Hay que ir muy poco a poco y adaptarse a una persona que es muy diferente a ti. Es un aprendizaje para toda la vida”, afirma la mentora.

Un “proyecto liberador” que motiva a los menores

Los menores con los que se trabaja son, a menudo, personas que piensan que están determinadas por su condición socioeconómica (que lo están) y que no pueden tener ninguna aspiración fuera de ella. Asumen que el ascensor social está roto y que no hay ninguna posibilidad de arreglarlo.

Desde enTàndem, si bien no pueden cambiar el sistema, sí tratan de ofrecer herramientas para que encuentren huecos por los que poder mejorar y dignificar sus vidas. “Los chavales ven la universidad como un sueño imposible. Trabajamos mucho los mitos respecto a que ser universitarios es lo más guay; no, ser peluquera también puede serlo”, sostiene Irene Esteban.

Se trabaja en la motivación para que los menores se vean capaces de hacer cosas. La responsable de AFEV en València cuenta que tuvieron una chica que quería ser actriz, pero nunca había ido a un teatro. Consiguieron entradas para ver una función y la pusieron en contacto con una actriz para que le explicara los pasos que había seguido y romper la asociación tópica actriz-cine-hacerse rica.

Lo que buscan es que, si los menores quieren dedicarse a algo, que avancen en esa dirección. Pero de una manera muy alejada de los “mensajes Mr. Wonderful”: “Trabajamos las expectativas. No todo lo que quieres podrás serlo, pero si a ti te motiva, puedes trabajarlo y caminar hacia ello, que no te frene la situación de vulnerabilidad. No vas a ser rico, que es el sueño capitalista, pero tenemos que garantizar el derecho a la educación. No sabemos qué seremos, pero acabemos de estudiar la ESO porque te lo exigirán para todo. No se trata tanto de querer ser futbolista, sino de tener un centro de interés”.

Democratizar y enseñar que se puede vivir la ciudad de manera gratuita y sin que haya un consumismo

Irene Esteban, responsable de AFEV en València

Esteban subraya que, para los menores, enTàndem “es un espacio muy positivo, que nunca han tenido, donde pueden hacer casi todo lo que quieren ser”. “Se trabajan líneas de democratizar la ciudad, como ir al cine, al teatro o a un museo, que para ellos era impensable. Es un proyecto liberador con el que quieren hacer cosas, ir a clase y conocer otros sitios de la ciudad”, explica.

También hacen actividades gratuitas basadas en el ocio saludable “para democratizar y enseñar que se puede vivir la ciudad de manera gratuita y sin que haya un consumismo”. Se refiere, por ejemplo, a una visita a Viveros o al Parque de Cabecera llevando la merienda de casa. Por supuesto, en estas quedadas está prohibido mirar el móvil, excepto si es para comentar algo juntos, mentor y joven acompañado.

“Conocen sitios, se sienten escuchados y están más contentos y motivados para estudiar. No queremos sustituir la terapia o los servicios sociales, sino complementar, vamos a donde no llegan ellos. A veces detectamos situaciones que ellos no detectan, como casos de bullying, autolesiones o dinámicas de amor romántico”, comenta Esteban.

Las familias, asegura, están muy satisfechas y tienen “un retorno”. Al ver a su hijo o hija más motivado y descubrir cosas que han hecho que no se habrían imaginado nunca, se les “devuelve autoestima”. “El 90% de las familias quiere que repitan los hijos y lo recomiendan a otros”, apunta.

De momento ya se han realizado tres cursos con el programa enTàndem, en el que han participado 75 niños y adolescentes. A estos beneficiarios se sumaría, como recalca Esteban, sus familias y el impacto en el barrio que habitan.

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